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El principio de transferencia en el entrenamiento

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Existen muchas formas de entrenar. A cada deportista parece que le va bien una u otra manera: los hay que entrenan continuo, los hay que lo hacen de manera interválica, hay quien va siempre al 100% y otros que se reservan esas intensidades máximas para los días de competición. No voy a entrar en este aspecto en el presente artículo, sino que me voy a centrar en otro que está relacionado con todo ello: el principio de transferencia.
 
El principio de transferencia dice que un entrenamiento será más eficaz en tanto en cuanto se parezca lo máximo posible a las condiciones que se presentarán el día “objetivo”.
 
Quiere decir que si el triatlón que te has propuesto como objetivo es sin drafting, será mejor que entrenes la bicicleta sin ir a rueda; si se nada en el mar, conseguirás mejores resultados si muchos de los entrenamientos los realizas en este medio; que si la carrera será a las 5 de la tarde, podría ser buena idea entrenar a esa hora, o si la carrera a pie tiene un recorrido rompepiernas, las cuestas serían un buen método de trabajo.

Por centrarme en algo más concreto… la salida de un triatlón.
 
Si uno sale a disputar un triatlón sprint por ejemplo, saldrá corriendo fuerte y nadará los primeros 200m prácticamente a sprint para coger una buena posición y no encontrar “barullo” en la primera boya (por concretar lo máximo posible). Pero claro, después tiene que mantener la entereza de un ritmo alto. Esto deberías entrenarlo así en el mar, de la misma manera.
 
Si no dispones de mar, un buen entrene (en su parte específica) para este momento de la competición podría ser: 100m sprint + 300m a ritmo umbral (Z4 dependiendo de tablas). Para un triatleta medio, se podrían programar 4 series, recuperando 45” entre series. A parte el resto de ejercicios de la sesión (calentamiento, técnica,…).
 
Os dejo un breve vídeo de un ejercicio que hicimos en una piscina de 50m sin corcheras, con 3 “boyas” (flotador con un peso caído al suelo de la piscina) formando un triángulo. Todos a la vez, porque claro, hay que contar con los “manotazos” y patadas. Todo ello consigue la máxima transferencia.
 
Otro juego divertido que hicimos fue el poner una “boya” en medio de la piscina. En grupos de 5 salíamos al 100% a buscar el giro en la “boya” y llegada a la pared, después sin recuperación hacíamos 200m a ritmo vivo.
 
¡Me encanta este tipo de entrenamientos! ¡Os los recomiendo!
 

 
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